No cuela, queridos. Si se supone que me tengo que creer las reacciones de susto de Alejo Sauras y Fernando Tejero, entre otras, están ustedes apañaos. Qué cara.
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Aparecidos y parecidos
Otro porrazo del cine español: conclusiones rápidas
Las películas españolas más taquilleras de este año siguen siendo las que ya lo eran hace meses, todas ellas malas o mediocres: “Los crímenes de Oxford”, “Mortadelo y Filemón: Misión salvar la Tierra”, “Vicky Cristina Barcelona”, “Fuera de carta” y “Los girasoles ciegos”. La única que se deja ver, y sin emocionarse porque es algo panfletaria, es “Che, el Argentino”.
De la veintena de pelis españolas estrenadas desde septiembre hasta hoy, ni una ha logrado superar el millón de euros de recaudación en los cines. Ni una. Las producciones españolas no interesan, la gente pasa soberanamente de ellas. O se las baja por Internet. Ya que les cobran el canon…
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Dogma progre
Aunque le ponga empeño, los últimos suspiros del cine vienen a mi encuentro en las salas. Uno no aprende a quedarse en casita con un clásico en DVD o un buen libro. Leí, inocente de mí, cosas buenas sobre el último Jonathan Demme, “La boda de Rachel”, un film rodado, dicen, a la manera Dogma. Vamos, que la camarita no para quieta en todo el metraje.
De coña, mi amigo NAPALM traducía Nouvelle Vague como Nuevos Vagos. A Demme se le puede zaherir igual, por jeta y por holgazán, aunque no llega a ser tan sinvergüenza como el gallego Juan Pinzás, que va por ahí diciendo que hace películas Dogma, cuando lo que realmente hace son pelis porno sin sexo.
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Olvidar después de ver
Comentaba hace poco el crítico Hilario J. Rodríguez, quien escribió el epílogo de mi libro sobre Apocalypse Now, que “el cine actual está perdiendo fondo a pasos agigantados y que ya sólo se conforma, mayoritariamente, con las apuestas meramente formales“. Es lo que toca y debemos resignarnos, aunque en ese estado de resignación también podemos entretenernos, que es lo que me sucedió al ver “Quemar después de leer“.
Los hermanos Coen, cineastas interesantes pero de categoría media, encumbrados injustamente a la primera división por la crítica y la Academia de Hollywood, son expertos en la idiotez. Casi todos sus personajes son imbéciles. De hecho, uno de sus nuevos secundarios, el de Malkovich, se pasa gritando “¡imbéciles!” casi toda la película. Una de las marcas de autor de los hermanitos es esa, ser expertos en oligofrénicos y en tramas disparatadas que entretienen un rato. Lo peligroso es ir más allá de esos seres y justificarlos para encontrar un fondo o una trascendencia muy moderna. O sea.
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