
Es lo único que les queda por pedir a los políticos y demás catetos a babor en época de campaña electoral.
El abstencionista es la escoria de la sociedad, el antidemócrata que no piensa en su país, el irresponsable que no sabe que debe votar, aunque votar sea un derecho, no una obligación.
Tonterías y sectarismos que pueden ser medianamente comprensibles en los políticos porque buscan perpetuarse en el sillón y nosotros somos los tontos útiles que se lo colocamos. Pero los realmente esperpénticos son los ciudadanos, amigos y conocidos que tienen en su cabeza innumerables tópicos que han asumido ciegamente y que no se han planteado nunca.
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La segunda parte de la frase es la más utilizada por los equipos técnicos de cine. Sobre todo cuando ruedan.
Mi amigo Luis me ha enviado este cortometraje dirigido por Eva Ungría y que os recomiendo encarecidamente. No os preocupéis: es bueno. Y si queréis, luego seguís leyendo lo que me sugiere esta obra.
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¿Cómo se le ocurre a Clint copiar al Presidente de semejante manera?

Insisto, los premios del cine español deberían buscarse un nuevo nombre. No porque desprecie a este gran pintor, sino porque tenemos nombres de sobra para bautizar los premios gremiales del cine. Incluso podríamos darle un nombre a cada premio. ¿Premio al Mejor Director? Premio Luis Buñuel. ¿Premio al Mejor Guión? Premio Rafael Azcona. Y así tendrían un debate interesante en la Academia. Y de paso, podrían apostar por una renovación en las concepciones de las galas, nominaciones, votaciones, etc…
El caso es que la anécdota de la que más se habló estos días fue la del Goya secuestrado y devuelto. Noticia conocida y en la que participó El Mundo. ¿Por qué? Algunos ya no dudan en indignarse y arremeter con cierta insinuación conspiranoica contra el periódico que acusan de conspiranoico. Vivir para leer.
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Tras habernos echado el anzuelo la salida de tono de
Guayoming en un ensayo de su programa, éste cerró su círculo de autobombo confesando que todo era una patraña. La verdad es que si la Sexta ya era penosa, con espectáculos como éste pierde todos los pocos puntos que podría tener.
Vale que tengan los informativos menos informativos y más sectarizados, junto a Cuatro, de las cadenas nacionales. Vale que tengan un programa estrella en la sobremesa que se nutre del trabajo ajeno para ponerlo a parir pero que no tiene la valentía de poner una sola imagen ridícula de su cadena. Vale que pongan una serie como Padre de familia en horario infantil. Vale porque todo les da igual. Pero ¿inventarse un video para tenderle una trampa a Intereconomía?
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La verdad es que queda mal decirlo,
pero yo también lo había pensado. Pero como las ideas no se registran ni valen hasta que no se han puesto en marcha y quedan como testimonio de su existencia, el mérito es para estos norteamericanos. No sólo le han dado la vuelta al apocalíptico declive del mundo de la prensa, sino que
han organizado un nuevo concepto de ganancias publicitarias.
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