Impecable sueño-pesadilla para adultos con apariencia infantil. Estas palabras son más que suficientes para que os hagáis una idea de la última fantasía de Henry Selick, creador (aunque Tim Burton las firmara) de Pesadilla antes de navidad y James y el melocotón gigante.
La ambientación y el ritmo narrativo de esta adaptación de la novela de Neil Gaiman son, sencillamente, perfectos. La música (de Bruno Coulais), magistral. Y la historia, muy buena, mucho más de lo que a primera vista pudiera parecer dado su “aspecto infantil”: un cuento de hadas… que ni es tan cuento ni mucho menos de hadas.
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Marcas. Las marcas resumen toda la esencia de un determinado producto o empresa, nos sugieren determinadas sensaciones y satisfacciones (reales o irreales) que nos llevan a elegir unas en vez de otras, en no pocas ocasiones de forma irracional. En cine pasa lo mismo y
Terminator es una enseña poderosísima.
Con sólo oír su nombre y estar al tanto de un próximo estreno, nos lanzamos al cine a verla. Más si cabe si cuenta como protagonista principal a una estrella del celuloide cada vez más brillante como Christian Bale. Es lo que tiene el haber crecido, fílmicamente hablando y sin ser un fan irredento, entre T-800, SkyNet, Sarah Connor, “El Día del Juicio Final” y demás universo creado por James Cameron. Terminator salvation: The future begins colma las expectativas del aficionado al buen cine de ciencia-ficción… pero deja un “regustillo amargo”. Me explico: la acción es trepidante, los efectos especiales impresionantes, Christian Bale cumple en su papel de John Connor (aunque particularmente pienso que se lo “come” el desconocido Sam Worthington) pero esta última entrega adolece de lo mismo que los últimos estrenos rompetaquillas, del que el ejemplo más reciente sería Lobezno.
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